Roth/Arendt
Roth/Arendt
Termino la marcha Radeszky, de Roth. Nos encontramos en los estertores del Imperio Austro-húngaro. Tres generaciones de los Trotta, el abuelo salva la vida al emperador Francisco José en Solferino, el hijo deviene un probo funcionario de su graciosa majestad, el nieto va a convertirse en un poco disciplinado y bastante disperso oficial del ejército imperial.
Todo es obediencia?. No, el imperio se resquebraja, todo conduce hacia la Gran Guerra, se termina, se desmorona ese mundo de ayer del que hablaba Zweig, otro judío centroeuropeo, como Roth, como Arendt, de la que hablamos enseguida.
Se plantea el conficto de la lealtad, de la obediencia, de la fidelidad, en una tropa más interesada en el juego y las mujeres que en la defensa del Imperio, en la lealtad al anciano lider. Y aquí quería llegar, ¿hasta qué punto podemos liberarnos de las ataduras con la cosa pública, con lo público por excelencia, la política, el poder?.
Los Trotta ven sus destinos unidos al del emperador, el teniente va a morir en la Gran Guerra, poco después de que su padre consiguiera que el emperador en persona lo eximiera de la carga de unas deudas.
Arendt, en La condición humana, plantea esta cuestión (entre otras) la de nuestra ligadura con los otros, y de ahí con la sociedad, con lo público, con el poder. Deseable sería poder refugiarse en la privacidad, huir de lo público, de lo social/socializante, del poder. Maestra de la filosofía política, llevo apenas cien páginas del libro, magnífico, como todo lo suyo. La relación con el poder saca lo peor de cada uno, no hay más que observar a la juventud, ahora escorada hacia el fascismo, hace no mucho, lo estaba hacia la izquierda realmente existente.
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