El cielo protector
Paul Bowles
El cielo protector
He tenido muchas veces este libro entre las manos, pero no me había decidido a leerlo. El sábado pasado, en la cafetería donde el bueno de Mauricio presentaba su poemario, en la que se pueden intercambiar libros, lo cogí, y estos días en los que parte de la juventud parece espabilar y sale a las calles a reclamar sus derechos, he dado cuenta de él.
Bowles relata el periplo de tres norteamericanos, Port, su mujer, Kit, y el enamorado de ella y amigo de ambos, Tunner, por el Norte de Africa en plena posguerra, huyendo de sí mismos, en busca de aventuras por el, entonces, muy peligroso Magreb.
Les ocurren mil peripecias, se topan con unos ingleses, madre e hijo, estrafalarios y puede que incestuosos, con los oficiales franceses por allí destinados, camareros, tenderos, comerciantes.....locales.
La comida es mala, el clima, duro, los lugareños, en contraste, amigables. Sólo el té parece unir el tercer mundo con el pinnero. Tunner no deja de cortejar a Kit, mientras el trío se mueve de ciudad en ciudad como buenamente puede, en autobuses destartalados, por carreteras inhóspitas. Port enfema de tifus, Kit enloquece cada día más, hasta escapar una noche dejándolo solo en un hotel. Cae en manos de unos bereberes, el líder la seduce, la encierra, la hace su esclava sexual. Mientras, sabemos que Port ha muerto y Tunner busca a su amada desesperadamente. Esta ha logrado escapar, pero parece haber perdido del todo la razón. El consulado americano la repatría a Argel.
Como es sabido, Paul Bowles abandonó Estados Unidos con su esposa, Jane, para instalarse en Marruecos. Ella enloqueció. El libro, por tanto, tiene mucho de autobiográfco. Sabemos que Port es un escritor bloqueado, Kit, una mujer desequilibrada. El magreb los devora, mientras ellos beben té y café y se dejan llevar por un desenfrenado nihilismo. La peripecia está condenada de antemano, estos viajeros vienen a profanar a estos pacíificos (a la vez que inhóspitos) magrebíes.
El filme de Bertollucci es muy flojo, deslavazado, no logra captar la magia del texto. Debra Winger, guapìsima, hace lo que puede como la existencialista Kit, pero el italiano está en declive. Tomemos té con menta a la salud de esta juventud rebelde.
Comentarios
Publicar un comentario